jueves, 12 de febrero de 2009

Así trabajan nuestras empresas.



Así trabajan nuestras empresas.

Voy a relatarles mi breve trayec­toria en una de nuestras empre­sas locales —ahorraré decirles el nombre—, pero sí diré que es una consultora de ingeniería y medioambiente de Huesca, que trabaja gracias a numerosos contratos con la Administración Pública.


Volví a Aragón en febrero de este año, dejando mi trabajo es­table en Madrid, por un contra­to de un año y la oferta más que segura de continuidad en la em­presa: estabilidad a todas luces. Yo, encantada de volver a mi tie­rra a estar cerquita de los míos, confié en la palabra de quien me contrataba.

En julio hablo con mi jefe so­bre mi trabajo, sus impresiones y mi futuro en la empresa.

Él me comenta lo contentos que están conmigo y me augura un futuro prometedor. La con­versación se justificaba por una apetecible oferta de trabajo que me surge en Zaragoza, la cual, ante las promesas de mi jefe, rechazo.

Yo, que de otra cosa pecaré pero no de poco trabajadora, realizo todo tipo de trabajos —más bien poco cualificados ba­jo un sol abrasador— con la con­fianza de que lucho por mi pues­to de trabajo.

A la vuelta de vacaciones me comentan que en la empresa hay poco trabajo, por lo que he de ir "buscándome la vida", y a día 25 de septiembre recojo mi despido en el Juzgado de lo So­cial número 1 de Huesca.

Aún es mayor mi sorpresa cuando, a los pocos días, me en­tero de que han contratado a una chica en mi lugar. Para ella sí debe de haber trabajo, más aún cuando a la moza le pagan amos euros menos que a mí.

Hoy por hoy, y gracias a Dios, ya tengo trabajo, pero he tenido que bajar a Zaragoza a encon­trarlo. ¿Es así como funcionan nuestras empresas? ¿Por aho­rrarse unos euros mienten y en-v gañan y juegan con la vida de las personas?

Como pago impuestos, me gustaría que las administracio­nes (ayuntamientos y comar­cas) se aseguraran del tipo de empresas a las que adjudican sus trabajos. No me parece tan­to pedir. Sólo espero que esto no les ocurra a ustedes o a sus hijos.— Laura Garbajosa. Zara­goza.


EL PAÍS, lunes 27 de octubre de 2008

2 comentarios:

Drea dijo...

Sí, a mí me despidieron, avisándome con tres días de antelación, estando aún de vacaciones, porque "no nos entendíamos", teniendo yo un indefinido y habiéndome dicho en repetidas ocasiones que era una excelente trabajadora. El día antes ya me habían comentado mis compañeros que habían metido a una menor de 21 sobrina de un amigo de mis jefes, y el amigo en cuestión, le ofrecía a mi jefe un porcentaje de las ganancias que él obtendría con su trabajo dejándole utilizar el almacén de la tienda para guardar ciertos enseres relacionados. Así se paga el esfuerzo y el sacrificio en España.

Anónimo dijo...

que sepas que soy tu jefe y voy a hacer con tu vida lo que quiera. O no??!!??

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