martes, 27 de enero de 2009

La Cárcel Electrónica.


No puede existir un auténtico amor a la libertad sin que exista un paralelo respeto al orden. La seguridad que proporciona el orden es la plataforma segura que nos permite alcanzar elevados niveles de independencia. Toda convivencia exige una ecuación entre estas dos variables libertad y orden-seguridad. Se suele ensalzar la primera parte de la ecuación, la dimensión positiva la libertad y postergar la segunda, más negativa, por considerar al orden menos relevante.

Vivir en sociedad comporta una serie de derechos pero también una serie de responsabilidades hacia el grupo. El valor de la libertad tiene que venir acompañado de una responsabi­lidad de nuestro comportamiento hacia los demás. Si viviéra­mos solos nuestra libertad se podría proyectar al infinito sin hallar obstáculos, pero como vivimos en comunidad nuestra libertad se debe encauzar dentro del conjunto de la sociedad.

Si un hombre pudiera hacer libremente todo lo que quisiera sin responsabilizarse de sus actos, entonces lo que conseguiría es convertirse en un tirano. El déspota puede plenamente ejercer su libre albedrío, vivir sin ataduras y limitaciones a Costa de los derechos de los demás, puede disfrutar de su situación privilegiada, pues ha vaciado el otro lado de la ecuación. Puede hacer todo aquello que desee, ser exageradamente libre nada le limita y cuanto más poder tenga para imponer su arbitrio a los demás, más sátrapa será.

En contra de lo postulado por Rousseau y los autores ácratas la falta de un orden en la convivencia humana no se traduce en nuevo orden basado en ideas filantrópicas, sino en el caos, el desconcierto y en la inseguridad generalizada. El filósofo iluminista tenía una idea demasiado utópica del funciona­miento de los pequeños grupos sociales. Las modernas investi­gaciones antropológicas demuestran lo falso de los postulados de la bella leyenda del buen salvaje, y como en el corazón humano, lamentablemente, tiende más a la supervivencia y la imposición de sus propios anhelos e intereses que a la búsqueda de la convivencia fraterna. El ser humano a la hora de organizar la pacífica convivencia, tiende a buscar estructuras de poder, referentes sólidos que le den seguridad.

Para contrarrestar el caos originado y los resultados produ­cidos, a menudo sangrientos, surge la respuesta de la "ley del más fuerte". El titular de la ley, el tirano, ofrece a la colectividad la seguridad a cambio de su libertad (en cierta manera de su dignidad) y establece las bases de una nueva seguridad. Poste­riormente, cuando la vida se hace más compleja, se produce en el grupo de los fuertes una tendencia hacia la democratización del poder, es la oligarquía cuando un grupo reducido comparte el poder sobre el resto del grupo.

Posteriormente cuando la sociedad madura y nada teme, tiende a aparecer la democracia, cuando todos los miembros del grupo —incluso los más débiles— pueden participar en la elección del jefe. Pero este proceso puede igualmente viciarse cuando los miembros del grupo bien por temor, bien por ignorancia, bien por engaño no eligen al que con más efectivi­dad puede velar por sus intereses. Cuanto más alto sea el nivel de conocimiento, cuanto menor sea el grado de miedo y —si se me permite— cuanto más dignos sean los miembros del grupo, más eficaz será el sistema. El descontento hacia las pseudodemocracias hace que ciertos miembros del grupo añoren la situación nihilista primitiva, aquel estado donde no existía el poder. Está es la historia de la humanidad.

Faustino Gudín Rodríguez-Magariños

“La Cárcel Electrónica – Bases para la creación del sistema penitenciario del S. XXI”

Ed. Tirant Lo Blanch. Valencia. 2007.

5 comentarios:

Drea dijo...

Una reflexión muy buena. A Rousseau ya lo conocía de la carrera, de Historia de la Educación Social. A mí particularmente sí que me gusta su modo de ver las cosas, pero siempre con moderación. Es decir, para mi filosofía particular, cogería un porcentaje más o menos amplio de sus ideas y las compaginaría con otras un poco más restrictivas. Pero este texto no lo conocí y me ha parecido muy interesante.

jorgogi dijo...

los tres primeros párrafos ya me valen por sí solos. el resto para matizar un poco.... ;)

Duncan de Gross dijo...

Mmmm, esto pone los puntos sobre las ies a más de un anarquista...Y lo que dice sobre la democracia es una gran verdad, no hay nada más peligroso que una democracia débil que tire pelotas fuera...

lelekaocg dijo...

El cuadro es muy bonito no se donde lo habéis conseguido, la reflexión es muy certera y profunda.
El juego del poder siempre está ahí manipulando haciéndonos sentir como objetos cuando en realidad no somos más que objetos de su juego.
El hombre es un simio violento y lo que decía Rousseau no es más que una posé de salón, examinando sus libros ni él mismo se lo creía pero quedab bien decirlo.

jorgogi dijo...

@ lelekaocg:
imposible seguirte la pista...
la ilustracion es del ínclito e inigualable MILO MANARA. ;D

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