viernes, 25 de diciembre de 2015

Feliz Navidad.

Escuchó la conversación sin atender a ella, hasta que la puerta se cerró con una despedida. Una madre que vendía puerta a puerta sus cosas a cambio de un euro para que su niña pudiera seguir asistiendo a sus clases de danza. Alguien le había comprado un cuento infantil y se había ido agradecida.
Cuando Jota ya estaba solo, volvieron a llamar a la puerta, y frente al dintel una mujer cargada de bolsas como el que viene de recoger de todo del rastro. Hola, estuve aquí hace unos minutos. Tu compañero me compró un librillo, que estoy vendiendo cositas por un euro para pagar la escuela de danza de mi hija... Verás, he perdido cinco euros que llevaba y no sé si se me han caído aquí mientras hablaba con tu amigo.


Jota tiene la costumbre de no saber jugar con el dinero. Ni con el suyo ni con el de los demás. Ni sabe jugar con las emociones ni con los sentimientos cuando un céntimo se cruza con ellos. Enseguida se le cae un portón de acero y hormigón y de ahí no se pasa. Ni él ni nadie. Pues no, señora aquí no ha aparecido ningún billete.

La mujer le explica su situación lo mejor que puede, por encima del portón de Jota, el cual muy fríamente le responde: Ya, yo también tengo un "refugiado" de 7 años. No puedo ayudarle. Y se despiden.

Y al cerrar la puerta, en el silencio un puño le retuerce el estomago y piensa, Joder por un euro no me hubiera muerto. ¿Por qué coño no le he dado un euro? Pero Jota no comprende que su mecanismo del portón es algo que tiene muy muy dentro y que rara vez se da cuenta que lo ha activado. Luego viene la auto incomprensión y el no saberse explicar tanta frialdad. Pero eso ya es un momento posterior que anula toda reparación. Son las cosas de Jota, no lo hace adrede, ni siquiera sin darse cuenta. Simplemente no le sale.

Y con este pensamiento van pasando los días, hasta que al final desaparece en la vorágine de la trivialidad diaria.

***

Que poca vergüenza. ¿Pues no me ha dado un céntimo? Qué poca vergüenza !UN CÉNTIMO¡

La anciana es una habitual de las pedigüeñas del "pueblo" donde vive Jota. Hoy pasea por sus calles de la mano del amor, bajo sus luces navideñas, sus brillos en el mármol, y la locura de la gente comprando y comprando, como si no hubiera un mañana y como si 365 día no tuvieran 11 meses para pensar en el prójimo.

Un céntimo!, Puta navidad! ¿Cómo se le ocurre dar un céntimo a una persona que está pidiendo? Un céntimo!, continúa la anciana a las espaldas de Jota.

La condición humana es miserable por avance temporal. Según abandonamos la felicidad de la niñez nos debiéramos transformar en adultos felices, pero nos convertimos en miserables, en adultos miserables.

A Jota no le ha dado tiempo a echar el portón, bueno, sí lo hizo, pero no se ha dado cuenta, es algo que no puede controlar, cuando se da cuenta ya esta echado como losa que cubre la tumba centenaria de un rey olvidad. La noche no es fría pero sí es húmeda, lleva una mano en un bolsillo, su móvil y sus monedas, una docena o así. Sus yemas tocan alguna de un céntimo también, un céntimo miserable, como el de ese miserable, que hace un minuto, le ha dado a la anciana el suyo.

Entonces el céntimo se transforma en un euro, y la anciana, en la mujer que días atrás vendía sus cosas de puerta en puerta, la que había perdido los cinco euros... céntimo, euro, anciana mujer...

Jota se ha dado la vuelta, ni siquiera sabe cómo ha levantado el portón, se ha dado de bruces con la anciana, que le continúa a él su protesta, al primero que le presta atención, lleva en la mano más dinero que el que Jota lleva encima y sujetado entre su índice y su pulgar un céntimo que se hace enorme en comparación con sus dedos. Señora, le cambio su céntimo por un euro, hace? Jota está agachado, hundido en las cientos de arrugas que desdibujan el rostro de la anciana, es como la faz de una tortuga, pero cuando sonríe se dibuja la de una persona.

Feliz navidad le dice la anciana. Jota no acierta a responder nada, tan solo con una sonrisa mientras ella se aleja en el bullicio de la calle. Y se queda mirando el céntimo, el miserable céntimo, como el miserable euro, el de la mujer que vendía sus cosas, el euro que le hizo a él ser un miserable.


Feliz Navidad.

2 comentarios:

Montse Martínez Ruiz dijo...

Sigue habiendo miserables y miseria a pesar de estar en el siglo XXI, no debería ser, pero es. Me ha gustado el relato.
Feliz Navidad y mis mejores deseos para ti y los tuyos para el Nuevo AÑo.
Besos.

Jor Go dijo...

NO DEBERIA SER , PERO ES
totalmente de acuerdo

felices fiestas ;)

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