viernes, 8 de agosto de 2008

La Belleza y El Mar.



Llegué tarde. Como casi siempre. Sólo unos pocos minutos, pero ella ya estaba sentada allí fumando y bebiendo una copa. Me sonrió a través de sus gafas de sol, se levanto y me recibió con dos cariñosos besos en las mejillas. Es un cielo.

Hablamos un rato de lo divino y de lo mundano. Yo con mi habitual tacto disparo y le pregunto que qué me quería contar. Casi parece que le molesta la pregunta. Su cuello se tuerce, apaga el cigarro y se enciende otro. Aspira profundamente. Traga saliva y me dice: "Lo que te voy a contar no se lo he dicho a nadie. Nadie lo sabe y nadie lo puede saber. Solo necesito que escuches y que calles"

-Me tengo que asustar?- le pregunté. "Tu escucha y calla. Lo que te voy a contar me ocurrió con un chico que durante muchos años de mi vida fue lo único que había en mi cabeza. Me acostaba y mi último pensamiento era un suspiro que volaba hacia él. Despertaba y mi primer aliento consciente era saber si aquel día le iba a ver. Así estuve muchos años.

Recuerdo la primera vez que le besé, en unas escaleras del instituto. Su boca, sus labios eran blandos, su lengua, su aliento. A mi me temblaban las piernas. Dios mio que tonta! Busqué aquel beso como el que busca el santo grial y jugué con su lengua con total devoción. Estaba entregada."

-Como sigas así me vas a poner cachondo- interrumpí yo con mi habitual tacto. Ella se quitó las gafas y me suplicó enfadada "Calla y escucha. Por favor..." Apuró el trago del vaso y levantándolo hacia el camarero y agitándolo como una campanilla dijo "Tráeme otro, amor." Me miró, respiró, como pensando donde había dejado la conversación, ensimismada en aquellas escaleras de aquel instituto y antes de que pudiera yo pudiera ubicarla, continuó: "Estaba entregada, Si te digo la verdad creo q me hubiera dejado desnudar allí mismo. A partir de ahí fue todo una obsesión. Lo sé ahora. Pero por entonces lo era todo. Buscaba coincidir con él, en cualquier sitio que pudiéramos rozarnos, mirarnos, en cualquier sitio que pudiera olerle, escuchar el timbre de su voz, su tono, verle, mirarle, tocarle...

Me lo llevé un día a mi casa. Con todos los que éramos en casa y aquel día no había nadie. Nos enrollamos. Sólo éramos unos críos. Por lo menos yo, pero era la primera vez que me sentía mayor, como una mujer. Más allá de la excitación sexual y del juego de las hormonas estar con él era algo que me hacia sentirme completa. Plena. Y eso me lo hacia sentir él. Yo estaba tumbada, casi desnuda y el a mis pies, desnudo y de rodillas, me miraba, muy tranquilo. Me dijo: ¿Qué quieres que te haga? Hazme lo que quieras, le contesté. Y se lo dije tan segura como que en aquel momento yo estaba allí y tan segura de que el estaba allí. Y no me mires con esa cara que en aquella ocasión no follamos. Ni me importó ni me lo plantee ni me hubiera importado. Estaba entregada."

Se quedó girando el tubo entre sus dedos. Me quise imaginar la visión que ella miraba descender por el líquido y que discurría hasta llegar al hielo. Antes de que volviera a interrumpirla soltó una pequeña risa. "Tenia granos en el culo. Granitos. Uno o dos. Todo el mundo tiene granos en el culo. Me dijo el. Me hizo sentirme tan tonta. Dios mío, pero qué tonta…

El instituto terminó, él se fue a una universidad, yo a otra. Mientras él seguía su vida yo seguía viviendo aquel amor, seguía pensado en él, esperando por él, vivía por él. Le seguía hasta su casa, le esperaba por las mañanas a primera hora... le iba a ver al trabajo. Supongo que se agobió, no? Normal. Sí, supongo que sí. Pero cuando vives la obsesión no eres consciente de ella. Pierdes el punto de referencia. Y lo q ahora es un metro entonces era una eternidad. Y ahora pienso en ello y creo que le asusté tanto, que ya no me veía a mí, si no sólo a una loca que podría poner patas abajo sus status, su vida… Y yo ni siquiera pensaba en mí, sólo pensaba en el y en tenerle en mis brazos.

Un día me pareció ver que me quería decir adiós pero que por pena o por vete tu a saber qué razón no se atrevió. Un día me rechazó un beso y fue el trago más amargo de digerir. No te imaginas cómo duele el rechazo. Mira – me dijo acomodándose hacia mi, como si quisiera comunicarme una revelación.- Que te desprecien, que te ignoren, pero reza para que no te rechacen.

Lo que para unos es claro y meridiano, para otros puede no estar claro del todo. Y cuando vives en el anhelo de una esperanza, cualquier cosa puede ser de cualquier color. Yo necesitaba una respuesta clara. Necesitaba un sí o un no. Y sabiendo que podía darle la ocasión del no definitivo, necesitaba algo que al menos fuera así, definitivo. Así que un día le saqué del trabajo y me abrí totalmente a él, le enseñé mi interior y el anhelo que llevaba dentro. Me expuse a él y cuando te expones, expuesta te quedas.

A lo largo de todos aquellos años, supongo que el había haciendo su vida y yo, enceguecida, había vivido cada año como un día, cada minuto parece como toda una vida, y así lo siento; él había avanzado y yo permanecía estancada en mi idolatrada fantasía juvenil.

A mi me costó hasta respirar el poder decirle todo…”

-¿Y qué dijo el?- inquirí casi mordiéndome las uñas.

Se llevó medio cigarro de una chupada, sus pestañas se cerraron sobre los óvalos de sus ojos y el humo salió entre sus labios hilvanando las palabras: “Dijo que aquello era muy fuerte. Que no podíamos seguir con aquello, pero que podíamos seguir siendo amigos. Al que inventó esta frasecita espero que lo hayan colgado bien alto.
Recuerdo que perdí el apetito… no recuerdo cuanto tiempo. Varios días. Si hubiera podido dejar de respirar creo que lo hubiera hecho sin esfuerzo. Recuerdo haber tenido hambre al cuarto día o así. Nunca un bocado me resultó tan insípido ni el aire tan etéreo, inasible ¿se dice así? Nunca como entonces. Nada tenía consistencia, nada tenía sabor, color. Nada.

Desde entonces nos seguimos viendo. Nuestras parejas son buenos amigos. Ella es una tía muy maja, tiene sus cosas, y a él se le ve feliz con ella… Nos llamamos de vez en cuando y quedamos todos y tan contentos. “
-Pero, ¿y nunca le has dicho nada de aquello, Nunca lo habéis hablado de nuevo?- ”No. ¿Para qué? ¿Para volver a repetir la sensación más amarga que hayas sentido nunca, para verme rechazada? ¿Qué haces al día siguiente? ¿En que vuelves a basar tu vida de nuevo? ¿Qué vida? No te imaginas lo que es adorar a alguien y que te rechace. “

Estuve tentado de comentarle alguno de mis fracasos veraniegos, pero lo más parecido que tengo al tacto me aconsejaba evitar inciertas comparaciones. – Pero tu eres masoca! – le dije – No has vuelto a hablar con él de nada de aquello, pero os seguís viendo? “Sí, pero como amigos” Lo dijo con ese amargo deje “como él lo quiere… A mi no me importa ya.”

-Pues yo no se si sería capaz de eso- le repuse “ Se puede. Con estómago y tragando mucho, mucha amargura y mucha rabia. Al final te acostumbras. Todo pasa. No. No hemos vuelto a comentar nada; ni intenté sacar de nuevo el tema; ni hemos hablado alegremente de los “viejos tiempos”. Es más: no quiero. Bastante me ha costado rehacer mi vida sin él como para ahora ponerme a intercambiar impresiones como si fuera una reunión de antiguos alumnos. No.

Cuando me ahogaba entre sus brazos pensaba en que un día todo acabaría y así creer que disfrutaría, aun más, todo con él. Lo que terminó, terminó

La verdad que no quiero, porque creo, porque sé que el no quiere. Supongo que los dos sabemos que reflotar de nuevo aquella aventura, solo nos llevaría al fondo de nuevo. Al menos a mí. Y hablar por hablar, la verdad que no…

No le guardo rencor ni nada de eso. No puedo. En lo que a mi respecta todo está bien así. El fue más listo que yo y me dio puerta en la primera ocasión que se le brindo; hizo lo que tenia que hacer en el momento oportuno. Si lo piensas en frío quizás hasta tardó demasiado… Pero lo que yo viví no me lo puede quitar nadie. Ese regalo es para mí.

-Y me cuentas todo esto por …? -Pregunté mientras se mordía el labio inferior: Yo estaba tratando de tirar de la hebra de un hilo suelto que empezaba a ver. Exhaló el humo de la colilla y lo aplastó contra el fondo del cenicero.

“La semana pasada soñé con él. No te rías que no tiene ni puta gracia. Fue uno de esos sueños , por así llamarlo “húmedo”, pero no me resulto para nada agradable. Me tropezaba con él en la calle y estaba empeñada en hablar con él. Quería hablar con él, pero no parecía hacerme mucho caso. En realidad cualquier otra que se le cruzaba se lo follaba o le hacían, entre varias, cualquier cosa. Y no se mostraba avergonzado: se dejaba hacer complacido y me decía que no me podía atender, que estaba ocupado. Se lo hacía con todas pero conmigo no podía ni hablar, no podía ni escucharme. Los sueños son muy cabrones a veces.

La putada es que toda la mierda del sueño me ha traído muchos recuerdos, muchas situaciones, muchas cosas que no quería volver a recodar; Cosas que había conseguido dejar atrás. Atrás, bien atrás; bien guardadas y bien amuebladas… Pero, joder! despierto y lo primero que hago antes de respirar es querer pensar en él, otra vez. Y llevo toda la semana que en mi último pensamiento está él. Lo tengo de nuevo bien metido en la cabeza… y gracias a Dios que no me ha llamado ninguno de estos días, porque se que hubiera hecho una tontería; y de las gordas. Mira, me pongo a temblar de solo pensar, que le tuviera que mirar a lo ojos como si nada. Era una cosa que tenía superada, sabes? Te vuelves piedra y no te afecta. Pero, joder! Ahora no podría ni mirarle a la cara… Y para colmo tengo grabado el sueño aun, escena por escena.

No puedo tenerle de nuevo ahí, en el altar y yo de sierva adorándole, día y noche… No puedo tenerle dentro. Estaba bien como estaba, un mueble más en el pasillo del pasado metido en una habitación con la puerta bien cerrada.

Pero, el jodido sueño este, ha sido como dejar la puerta abierta en mitad de la corriente de aire y ando recogiendo todos los cajones y todas mis cosas tiradas por el suelo como papeles desordenados al viento. Y volver a ver qué es cada cosa a medida que las recuerdo y las recojo y volver a pensar en él me estaba recomiendo el alma y …

-¿Y? -yo me impacientaba. Se rió . Soltó una carcajada limpia y sonora. Alguna mesa de alrededor se giró y nos miró.

“Bueno” me dijo “ es como aquel chiste tuyo de la Schiffer y el pinche: si no se lo cuento a alguien reviento.”
-Ya, pero y por qué me lo cuentas a mi?- Se levantó antes de que me diera cuenta. Recogió su bolso y su pequeña chaqueta. “Me invitas verdad, amor? Te lo cuanto a ti porque tu siempre me haces decir cosas que no quiero decir. Ya te llamo, vale?”

Me dejó con un cariñoso beso en la mejilla, mientras su mano se alejaba de mi barbilla. Siempre pienso que le gusto, pero nunca me lo creo bastante. Me quedé allí intentando poner orden a todo aquel mural que me había mostrado. Todo aquel sorprendente revuelo de amor y desamor, toda aquella asombrosa aventura inédita, todas aquellas emociones, alegrías y sinsabores anónimos, toda aquella amargura, su frustración escondida, su tristeza y su silencioso dolor.

El camarero me trajo una tónica. Yo levanté el vaso intentando ver cómo era el mar a través del cristal y recordando su silueta desaparecer en un taxi brindé por la belleza.

13 comentarios:

Drea dijo...

Me ha encantado. La autora tiene un talento innato. De verdad, si siguiese la historia, yo llegaría incluso a comprar el libro...

jorgogi dijo...

la autora?

Drea dijo...

La autora no es la Elena que enlazas abajo tras contar la historia? Y la etiqueta... no parece que sea tuyo no? O tienes doble personalidad?

jorgogi dijo...

no. la "autora" soy yo :P
y la etiqueta señala cosas que me gusta tener para mi.

me alegro q te haya gustado ;) pero vaya, q hay peña q lo hace muuuuucho mejor

1 saludin!

Drea dijo...

No puedo creerlo!! Pues me ha vuelto loca, es genial, deberías acabarlo. Me encanta me encanta me encanta me encanta. Quiero leer más cosas por el estilo.

jorgogi dijo...

pues... va a estar complicado q me vuelva a despertar con las musas a mi lado :-/

esto solo me pasa de higo en breva :D

Drea dijo...

Yo estoy escribiendo un libro ahora pero poquito a poco. No escribía un libro desde el 97.

Madrikeka dijo...

La verdad que si...que esta muy guapo!!

deberias de continuarlo!!!

lalalal!!

Ey!! Drea...me has enseñado sitios nuevos!!

Drea dijo...

¿no me digas madrikeka? si yo pensé que os conocíais de antes!!

Drea dijo...

Elena, entré ayer en tu blog y casi lloro. Tú no me conoces y no soy quién para decirte nada, pero simplemente comentarte que a muchos nos ha pasado lo que te está pasando a ti y cuando menos te lo esperes (antes de lo que crees) estarás en pie y entera como dice Jorgogi, es más, mirarás atrás y no darás crédito a lo triste que estabas, porque sólo tendrás ganas de ser feliz. A mí me paso. Un giro de 180, chica.

Anónimo dijo...

Deberías escribir más....mucho más....tienes talento y ahora nos lo debes....
Ignatius
PD.: Elena....gracias por inspirarle a mi amigo...

jorgogi dijo...

si no fuera xq te conozco pensaria q quieres algo conmigo :P

Merrick dijo...

Impresionante, me ha encantado. Una historia preciosa aunque con mal final, como la mayoría... La vida no es una película, por suerte o por desgracia. No sé si es real o creada pero espero que sigas publicando relatos tan estupendos. :D

linkwithin

Related Posts with Thumbnails